Wednesday, September 1, 2010

SUEÑOS sin eclipses...

Diálogo de lágrimas hechizadas por un vacío pasado. El llanto de un silencio en una estación de vagones vencidos. Gime el corazón los efectos de un destino que no sobrevivió. Y fiel me acompaña Jesús en este naufragio adentro del pecho. Cuando confío un ramo de rosas sobre las vías del tren. Y su presencia hospicia mis suspiros huérfanos. En su interior no hiere más el gargarismo nostálgico del ferrocarril. Aquí, en su corazón de Dios, no triunfan los eclipses sobre sus sueños nuestros.

Y dormitas Jesús mi demencia emocional. Con el cielo de tu voz dorada llegas suave y justo, pacífico y seguro. A mi pálido corazón refugias bajo el corinto cálido tuyo. Y escucho tus latidos bombear en lugar de los mustios míos. En tu interior no triunfará ningún cruel destino. Y aquí la suerte intrusa no ahogará nuestros suspiros. Señor, en tu intimidad no se desvanecerán nuestras estrellas. Eres Jesús la esperanza para el diagnóstico de calendario. El húmedo afecto para otros labios en el desierto de la espera. 

Jesús, tu amor no me insinúas restringido. Eres intenso en nuestros frágiles instantes. La sabia eterna en mis versos sin rima. El oído para nuestros silencios de asilo. Eres el nombre para el hijo no reconocido. Eres compasivo, no posesivo. Y te revelas afectuoso en la vitrina de una lágrima. No eres Señor el placebo del alma; eres presencia en el pecho que vaga con el corazón a la distancia. En tus ojos se recuerda el amor sin memorias. Eres el nuevo horizonte para el cielo en matrimonio que cayó al piso.

Eres Jesús el pigmento en los contornos lívidos del alma. El aplauso de logros interrumpidos. La serenata para el romance plateado. Al pecho erótico no embriagas y desde adentro lo desbordas. Eres sobrenatural y no falacia mental. Eres palabra pero no te defines en diccionarios. Te asomas santo en el sombreado de una imagen prohibida, y te explicas en un corazón tatuado de accidentes. Trae Jesús, con tu voz: el orden a nuestros caos; con tu mirada: la luz a la conciencia, y con tus latidos: el amor a mi existencia. 

Sunday, August 22, 2010

ENCUENTRO en la ausencia...

Adentro de un santuario vetusto y húmedo de tanto abandono, aparece Dios en el altar de su ausencia. Y yo me le inclino en un eclipse de lágrimas. Susurra el omnielocuente una evasiva desde el púlpito de su silencio. Sobre el estrado de su pasividad se revuelcan nuestras almas. Y no es drama de irreverencia, es el grito de una pesadilla reprimida. Y si Él se dejara ver le diría desde los límites de mi esperanza, que he venido a declamarle mis infectados reclamos. Le pediría que oiga este concierto de porqués. Pero me busca Jesús, cuando creo que ya no le creo. Y más me abraza firme y libre, aunque respire en mi aliento una fe ebria con mis rancias dudas.

En esta cita tras la espalda de una luna resentida, el suicidio cultiva flores negras para la asfixia del pecho. El Eterno se nos congela con su distancia. Señor, tu silencio nos hiere desde adentro. ¿Y con quién se dialoga si tú no estás, sin pensarnos esquizofrénicos? Se zarandea el alma con el frío de tu ausencia. No te luzcas cruel, por Dios. Invaden a mis poros olores de un museo de osamentas. ¿Dónde está el brazo de quien todo lo puede? Pero aquí te quedas Jesús, cuando se apagan todas mis confesiones estrellas, para caminar paciente conmigo sobre estos pétalos resecos y teñidos de un coágulo viejo; y para alzarme en brazos, aunque yo dude si aquí el divino Galileo esté conmigo.

Y llevas el alma hasta tu pecho Señor, para que comulgue sus quejas con la atenta tuya. Hasta el calor debajo de tu primera piel, para esconderla en las cavidades de un afecto virgen. Adonde se enamora el amor. En la camita adonde acunas al hijo concebido en violación. En la cabina de tu cariño para aguardar arrullado tu mejor manifestación. Es que has venido Jesús, para susurrarnos amores desde el mismo nivel de la lona. Porque en tu interior no llegará el atroz chirrido de un murciélago que hiera con sus dudas, la fe del alma abatida. Jesús, tu interior no es el subsuelo de una caverna fría, es el santuario adonde refugias al alma que con todos sus porqués se te confía.

Jesús y yo en una sola tertulia de comunión. Y se oye en el teatro del cosmos el nuevo dúo de corazones. Jesús, en tu voz melódica y dulce, no se escucha ningún boceto de reclamos. Señor, eres condescendiente, no indulgente. La incredulidad no patrocinas pero suspiras por el incrédulo más inculto. Al escéptico siempre amas aunque con sarcástico intelecto tu bondad ignore. Y del creyente no eres distante, ni padeces alguna vergüenza, aunque frecuente éste una vieja ermita a rezarte cada cianuro de dudas. Fundida entre tus brazos el alma no quiere más saciar ningún porqué, pero ella tan sólo sueña sobre sus versos, saciarse enquistada en una intimidad infinita a solas contigo.

Tuesday, August 10, 2010

SENSACIÓN a Cielo...

Cocoteros y palmeras. En la ribera transparente de tu mirada. Una pieza de eternidad dibujada con granos de arena blanca. Huyo Jesús del abrazo de la aglomeración. Las fobias proliferan con el ruido. En tus ojos no existe el ocaso. Tus labios soplan suave una flauta de olas mudas. A solas contigo Señor, acogido en el paraíso de un concierto líquido. Aquí me susurras. En la espuma niña que desaparece sin procesión. Con la brisa del ámbar a la vista de un sol artesano. Y me hechizas la tarde con el encanto de un barítono vocalizado en aguas turquesas. Veo hacia el cielo y me surcas una meditación en las alas vespertinas de una estrella viajera.

Amanezco en tu pecho. La orgía del viento furioso no rugirá aquí. Jesús, escucho tu voz a dúo en una orquesta de gotas. Cierro mis ojos. Desciende tu canción de amor en esta lluvia modesta al caer. En ti no existe la supremacía de la ansiedad. Hay armonía en el vibrato de este chubasco. Los truenos del rencor no se atraen con tu amor. Estimula todo silencio este teclado de gotas. Jesús, eres paz. Manso, no vacilante. Al océano de mi yo, aquietas. Con la melodía de tu nobleza. Con tu sensación a Cielo. Mi ser respira tu frescura en este velo húmedo. Eres Señor el pulmón del universo; eres Jesús, el hálito dulce de mi agónico pecho.

Es gentil la emoción de tu silencio. La cadencia de tu paz. Tu virtud se expresa como un campanario en susurros. Cuando desconectas los botones de nuestro apuro. Señor, desactiva con tu calma la adicción a la velocidad. Y entona mi tensión a tu ritmo. Purifica mis pulsaciones del vano frenesí. Eres Jesús, ferviente, no vehemente. Activo y no impulsivo. El Regente de lo infinito. Déjame en tu interior, y deshace el ensalmo de lo brillante. Mi fiebre por el ímpetu te atrae y duermes conmigo. Para musitarme arte en las cuerdas del sosiego. Para apagar mi sed de control, y para expandirme amado en el cosmos de tu quietud.

Apago mi voz en la capilla del silencio, y escucho un diálogo de dos. Mi corazón con Dios. Jesús no es una pausa en el olvido. Su voz es para el alma, la intimidad en convivio. Una aventura de su lealtad en seducciones. Los ángeles se pasman y lo ansían. Y retratan el secreto en el diario del Creador. El corazón no se entiende pero el Eterno lo comprende. Balbucea mudo su miedo al rechazo, y el Señor lo satisface con el lenguaje de su abrazo. Uno suspira tenor, y el otro, la melodía de un fresco amor. El sentimiento tiembla por una ilusión que se alejó, pero el encantado Jesús, lo envuelve tierno con el amor que nunca se imaginó.

Saturday, August 7, 2010

CORAZÓN en pedazos...

Se avienta una lágrima desde el barandal de la vergüenza. En el vacío ciego de la duda. Aferrada a la memoria de la desgracia. Y se atrapan mis suspiros en la ciénaga de la desconfianza. Los sentidos traicionan con el vapor de la falacia. Mi arpa cedió en empeño sus cuerdas acrisoladas. Un extraño silbido de muerte emite sin ellas. Negras ojeras merodean mis estrellas. Habrá luna pero será insípida su miel. El sol pernocta bajo cartones en el horizonte. Y gimo Jesús en las garras de un negro ocaso. Como un girasol sin sol. Bajo la nube de ásperos aromas, en un jardín de logros desechos.

Un alma lisiada desacreditada de amores. Adoptada en tu abrazo Jesús. Sin condiciones. En el pecho de tu imparable amor. Adonde se inmuniza la gracia. Tu afecto por mis pedazos. Un beso tuyo en mis párpados impúdicos. Tu amorío con mis heridas. Eres quien aplacas la sed de mis lágrimas. El que me abrigas por dentro en mi viuda soledad. El que escuchará mi llanto cuando sonría. El que se quedará junto a mí en esta playa con brisa amarga. El que tragará grueso conmigo cuando me trague el descrédito. Te amo Señor porque tus labios jurarán por los infieles míos. Porque pondrás tu cara por la mía cuando mis detractores me enrostren los errores.

Y lloro sobro tus manos donde juntas mis añicos. Y no es la colección del rencor, es tu fe en mis escombros. Tu brillante futuro sobre el debacle de mis cenizas. Y abreva mi alma la pureza de tu sangre. Tu nobleza de perdonarme. Y unjo Jesús tus heridas con un rocío de lágrimas agradecidas. Te contemplo y tu sonrisa me esperaba. Y con una oración me elevo hasta el hoyuelo de uno de tus camanances. Y me alojas Señor. Como el lunarcito de nacimiento. Como la cicatriz de un viejo pellizco. Imborrable. Como quieras, pero déjame prendido a donde sea. Como collar de amor sobre tu honrado pecho.

Creo en ti Jesús, aunque los míos no me regresen el respeto. Aunque el otoño se apague en la entrada. Aunque el sol me enfríe de miedo, y la luna me encandile burlezca. Creeré en tu amor aunque la poesía me abandone en la soledad. Aunque los cielos se me cierren con nubes de acero. Eres Señor, el Dios de mi desierto. El brillo de mi alma en esta pesadilla de inciertos. El dueño de mi destino. Jesús, tu afecto me sabe a sabores no descubiertos. A canciones vírgenes. Como la tersura de un beso en versos. Porque me cantas con amor de púber, y te digo Jesús, gracias por abrazarte de otro corazón hecho pedazos. Gracias Jesús...

Wednesday, August 4, 2010

AMOR hecho canción...

En tu interior la vida revive brillante, melódica. Cierro mis ojos y me celebras con la música de un abrazo. Eres Jesús el concierto de mis deseos. Y me escribes en el alma una tonada con tu amor. Con la balada de tu mirada. Desde la luna de tu conciencia. Porque te empacas en los besos de tus mejores versos. Y amante me atraes. Me persuades con las notas de tus suspiros. Porque suave me seduces en tus adentros. Para amar y ser amado. En el arcoiris de una sagrada caricia. Y en la trova que fluye suave en el nacimiento de tu pecho. Mi alma te admira, y yo te adoro.

Eres Jesús la más tierna poesía. Eres el sol cuando la vida a mi alma enfría. El verso en cada hoja de mis otoños. El que me sonríe a colores en primavera. Eres Señor, la armonía de mi universo. El que satisface todos mis vacíos. Sin lesiones ni cicatrices. Y sin las lágrimas grises de la lascivia vacía. Me cantas con tus encantos, y me elevas hasta el jardín de tus pupilas. Frente al balcón de tus ensueños. En el romance de la adoración. Ahora que a mi piel abrazas debajo de una sábana de silencio. Sedoso y resistente. Púdico y no liviano. Eres Señor quien no marchitas a una fémina por hacerla sentir mujer. Y el que al hombre no degradas por hacerlo sentir varón.

Poro a poro te susurras Jesús, en el barítono de tu cantar. Eres el magneto de lo sublime. El paraíso que perfumas nuestros mares alterados. Eres Señor el soneto de nuestra libertad. Y cierras mis heridas con tu amor hecho canción. Cuando desvaría mi corazón en un desierto cruel. En tu enormidad de Dios escucho los latidos de un corazón tierno. Contigo hasta una brutal espina será otra rosa roja. Tu interior es un taller de canciones en composición. Eres el que evocas voces de amor en nuestras noches sin romances. El que hace santa al alma ofuscada por enredarse con otra piel hambrienta.

Jesús, tu corazón pulsa las emociones más supremas. Las que no deshojan la vida en añicos y dobleces. Las que no gemirán por la luna de otros soles. Eres Jesús el que sacias la gema inquieta que sale a pescar un beso cibernético. Eres Señor el perpetuo romántico; el apasionado que sacias al alma aburrida de besar infiel la misma piel. La arena blanca que se abraza con aguas turquesas. Sonrisa del Dios de amor que admira cónyuges en amores. En tu interior habita el alma y adopta tu lenguaje. Tu amor la satisface y no la ensombrece. Jesús, tu suspiro será un gran te quiero, y la vida será contigo, el mejor escenario de otoñales amoríos.

Monday, July 19, 2010

SONRISA en matices grises...

Desplaza la vida una caricia semi ártica. Se ahoga un suspiro de relaciones. Gemidos guturales. Un agrio desprecio congela burlesco la voz del aliento. Es la existencia bajo un cielo plateado. Y el corazón padece insomnios de amor. El sol que conspira hace muecas negras. Amanecen las aves con arpegios desconsolados. Jesús, me comprendes con el abrazo de tu piel. Tierno y fuerte. En la fetidez de mi amargura. Porque inhalas mis lágrimas sordas con los poros de tu intimidad. Señor, el roce cálido de tu voz me adopta. Y me atrae adonde se desviste Dios.

Y me has hallado Jesús, fondeado inmóvil en el pasado. Adonde la sonrisa mudó su firma en una pálida arruga. Cuando leo el calendario hacia el ayer, de derecha a izquierda. Y me palpas con afecto hasta donde no me siento. Adonde se ahogan los suspiros, y se paralizan los nervios de la alegría. Y te quedas en mi fuero interno, en la residencia de mis sueños en coma. Para llorar conmigo, para volver a creer. Para devolverme virgen la vida. Eres el Sanador de las sonrisas del alma. El fresco arcoiris para sonreír reciente. Quien extiende la alfombra de sangre para andar de nuevo.

Y me restauras Jesús, con la mirada de tu paciencia, con las yemas de tu sabiduría, y con la influencia de tu perdón. Cuando la vida se descoloca por dentro. Y te mezclas en la insolvencia de mi existencia. Sonríes Jesús y te plasmas en el alma. Y grabas en ella tu gozo de vivir. Tu sustancia. Tu esencia. Tu sangre se perfila en sonrisas en el lienzo del ser. Eres radiante en nuestros ocasos grises. La luna en nuestras noches sin aroma a sereno. El enérgico elixir cuando el gozo huye. Eres Jesús, el brillo para este sol marchito, y el bálsamo de aquella flor estéril.

Una inspiración sin confines dibuja Jesús en nuestros sueños. Sólo Él revive al alma y la agiganta. Y trae su divino amanecer en la medianoche del ser. La luna bailará bella sin inhibiciones. Su cabello grácil jugará en este rostro trémulo. Un vuelo de amores peinará nuestros horizontes. Con su derrotero y sin raciones. Con su divina pasión. Una rosa florecerá en la colina de la muerte. Y su gracia rediseñará el eclipse de nuestros soles. Es Él, Dios, quien hace brincar a las almas con vítores en las palmas. Y fabrica un tambor de sonrisas en el centro del tórax. Jesús, tu amor me hace celebrar.

Thursday, July 8, 2010

SEDUCCIÓN entre sombras...

Esta noche opaca las intenciones del sol al nacer. Villanas sus sombras secuestran el primigenio rubor del virgen amanecer. Un tétrico peso de soledad burla mi árido vacío. Las cortinas de la vida, temblorosas han decaído. Y en los contornos del alma, un velo mortecino se cuaja de pálidos silencios con rancios sarcasmos. Pero Jesús insiste tierno frente a mi pecho, como aquel que eterno le ama, y bajo el frío rocío, persistente llama y le acompaña. Y mientras agoniza la esperanza en el recinto del ser, paciente insiste este amante, dispuesto a la intimidad ofrecer.

Es Jesús, en duelo con la noche del alma. Y su voz resiste el canto luctuoso del búho agorero. Trasnocha el divino Carpintero bajo el sereno desprecio frente a mis frías entrañas. Y las dudas nocturnas deambulan rabiosas tras sus llagas de amor, a filo del desprecio salvaje, querer las viles sin piedad depredar. Al suelo ha caído el manso Guerrero, dispuesto a batirse el infinito, contra las fuerzas del malévolo averno. Desde la nube de polvo envía su voz en las alas de su aliento, y frente a mi alma firme se levanta a rogarme por mi mejor bien, su más prontísimo ingreso.

Un no vomita mi pecho renecio, frente al Dios que al salvarme todo completo lo ha hecho. Se me asoma el Santo destrozado de indiferencia, y las persianas del alma bloqueo ingrato sin escuchar mi agónica conciencia. Y se torna Jesús en nardo de amores, porque sólo así, sentiré que con su oxígeno dígole que se largue sin dejarme clamores. Se me sugiere sin gritos, con el tacto de cada susurro. Con el llamado que suscita sin ninguna omnipotencia. O desde el piso del desvarío, adonde llega el que a su propia razón seguro le porfía. Pero aún es Él, en el ángel o en los vendajes de la vida y su autovía.

La hermosura soberana clama porque nos ama. Es el Rey del universo que pernocta esclavo en las afueras del alma. Es la Columna de la vida que se reclina hasta que el corazón le ceda, aunque sea otro pesebre en su pecho, o en la conciencia cualquier maltrecha esquina. Es Jesús, el que decide los grados del sol, y ofrece con ruegos el evangelio en voz. Es Él, a quien los vientos y la mar, sumisos le obedecen, mientras cualquier mortal con locura arrogante irreverente lo desprecie. Es la voz del Amado, la que no para siempre suplicará con un nuevo llamado.

RED DE BLOGS EN ESPAÑOL

Blogazos.com. Directorio de Blogs en Español

COMPOSICIONES RECIENTES: