Aparco doblegado en los terrenos fríos del hastío. Cuando atrae seductora la ridícula muerte. Con la fe satanizada de miedo. Como insecto enamorado por las llamas. Vago vacío en mi interior. Solo pero no desamparado. Detrás de donde tiemblo hay alguien conmigo. Es Jesús, en lo más hondo de mi psiquis sin sentido. Es Él, el héroe que no claudica. El guerrero de acero. Es aguerrido su timbre compasivo. El que abre los surcos en la selva de la maleza. Es el Señor, el que me hace rey del porvenir, y no un esclavo del ayer.Eres tú Jesús. Garante de lo imposible. El de espíritu invencible. El vencedor sobre el mórbido apego al pasado. El que cierra las fábricas de pesimismo. Mi pecho te acoge. Mi alma se expande. Me empinas sobre el síndrome de la renuncia. Y me elevas a la realidad ultramundana. Hasta el Cielo de tu interior. Y huye la predestinación derrotista. Tu voz borra el predominio de las cenizas sobre el mañana. Suspendido sobre la inmensidad de mis temores, vuelo alto Señor, en lo recio de tu abrazo triunfante.
Es Jesús, el arquitecto de nuestro futuro. El que sacia con lo eterno. La encarnación de la promesa. Una palmada, una mirada; su valor en mi alma renovada. Jesús, en este oscuro fatalismo, y asido a tu conquista de sangre, atravesaré cualquier abismo. En ti, todo pantano infernal se volverá un jardín de oportunidades. Y tu amor, abrirá de nuevo una fisura risueña en la muralla de mis lamentos. Aferrado entonces al ancla de tu confianza, me volveré Jesús, un prisionero de tu dulce esperanza.
Mi Lázaro ha dormido hasta hoy, mortecino en el fondo del alma. Atado. Dominado. Limitado. Y Jesús, seguro y encantando, amado lo ha despertado. Con las voces de quien manda. Con su decreto seguro de "levántate y anda". Apostaré todo por el Cristo resucitado sobre las voces del fracaso. Y ascenderé suplicante a sus pies, cuando el negro pasado levante su semblante sobre mi promisorio horizonte. Y en Jesús construiré mi mañana, bajo el signo imbatible de su promesa victoriosa, que pronto ha de volver, como el Deseado, Dios triunfante.
Que grandeza hay en la figura de Jesús.
ReplyDeleteMe ha encantado tu blogs.
Un fuerte abrazo.
"Que la luz de Cristo habite en vuestros corazones"
Gracias Salva...
ReplyDeleteTienes razón, hay grandeza en la sencilla figura de Jesús. Es lo que nos atrae a todos. Nadie puede ser tan Grande y tan accesible como lo es Él. Deseo que su Presencia vibre más en cada célula de tu fe.
Siempre te esperamos por acá. Ahora mismo estoy recién llegado de un viaje y estoy poniéndome al día con mis compromisos. A partir del domingo 18 reinicio mi ritmo de contribuciones al blog.
Con aprecio,