En tu presencia Jesús. Paciente seduces. Íntimo me atraes. Son los suaves giros de tu amor. El grabado frágil del corazón sobre el tapiz de playa. Leve. Como el sol con sus versos a la flor. Vengo evidente. Adentro de las heridas de mis afectos. Hasta tu devoción. Donde se cura el vacío de los disfraces. En tu interior. En el cariño de tu silencio. Donde se sacia el hambre de significado. Mis lágrimas ascienden como incienso desde el ocaso de mis ojos, hasta la música astral de tu pecho. A solas contigo, como la impúber brisa salina en su cita con el mar. Me asilas Jesús, en la cisterna de los cielos. Donde se alumbra la poesía fresca. En el cofre de tus líricas sonrisas. Señor, tus deseos, el sorbo de mis ensueños. Eres exaltado y benigno; incomparable y sencillo. La súbita tormenta de la tarde, y mis ojos trotamundos, bajo la sombrilla de tu mirada rosa. La omnipotencia de tu ternura. Tu piel que me abriga. Una melodía libre de aves juguetonas. El furtivo baile de unos pétalos. Las caricias rítmicas del viento senil. Eres tú Señor. Cándido y amante.
La medida del amor en la talla de una lágrima. Fuera de los vitrales. Jesús donde se marchita la miel. A donde duele sin decir porqué. Cuando la luna se enluta y el bien se abstrae. Las credenciales de Dios auténticas en el rastro de una gota. Su amor es tan ancho como las honduras de un sollozo. Señor, eres grandioso. Te domicilias en nuestras congojas. En las ansias del corazón. Eres el jadeo del amor en la galería del atardecer. Tu brisa en mi sonrisa. La fe reposa en tu inmensidad. Sedienta, en el oasis de tu amor.
La profundidad de una mirada. Tus huellas sobre las hojas. Un par de coplas para el violín enmudecido. Jesús, el otoño de tu retina. Mensajero de esperanza. Sanador de corazones. Tu voz se silba retórica. Para encontrar. Para amar. Las nubes nocturnas al pasar, y mi alma convertida en tu divina almohada. A tu gusto. Por tu atracción. Y a tus pies. Señor, eres el reposo de nuestros pechos locos. El sabor húmedo en los neuróticos desiertos. El ánimo de luz en las fobias de nuestros ratos inciertos. Jesús, el hálito del corazón...
0 comments:
Post a Comment