Bajo la vigilancia de un atardecer cifrado entre sus expresivos versos mudos. Sin la sombra insegura de una nube de temores. A la luz del concierto de un sol enrojecido. Sobre este viejo muelle con sus patas húmedas. Y con la mensajería cálida de un susurro vestido con la brisa del mar. Se asoma mi Jesús, cuando lo añora el alma. Asequible. Sin cortejo ni condiciones. Y mi sed de amores lo interpreta. La eternidad se desglosa en su intimidad. Su amor expuesto no se luce secreto. Me quedo en tu interior Señor. Donde se siente el eco de mis lágrimas. Donde se conjuga el significado de la vida. Eres tú Jesús, el tintero que colorea mi tarde de inspiración. El motivo activo de mis suspiros. La camilla del corazón donde se restauran sueños mutilados. El tacto de tu pecho sobre el mío. Te correspondo. Se oye una música en las cavidades del alma. La tuya. La mía se postra con las melodías de tu seducción. Dócil como la flor agónica. Sin los rituales caducos con sus trágicos montajes. Total. Natural.
Anhelo mi Jesús, aquel vientecillo cálido de tu final aliento. Cuando el silencio del cielo se rompe en la acústica del corazón. En prosas de adoración. Con gozo y sin la rigidez de una morgue blanca. Señor, tú me levantas cuando la tormenta loca arrecia maníaca. Me acoges. Me abrigas. La última gota de tu paz desde una sien preñada de amor. El descanso del perdón envuelto en tu beso escarlata. Mi corazón se desnuda con el abrazo de tu interior. Tu devoción de amarme. Tus sueños sin fin. Y despiertas conmigo.
Mi corazón en abrazos con el tuyo. Difundido. Como el clamor por el invierno de las aves en verano. Al ritmo unísono de tu santísimo pulso. Frente al brillo de tus ojos. En intimidad contigo. Con el aire mañanero de tu afecto. Donde tu corazón se me confiesa, en amores con divinos sabores. Jesús, eres el agua que a mi alma quita la sed. El alimento de mis entrañables deseos. El que me llena con su luz a plenitud. Sólo tú Señor. Mi libertad. Mi claridad. El perfil de tu amor sin la sombra del tiempo. Y la silueta de tu presencia con la eternidad en complacencia. Jesús, quiero el hambre de tu intimidad.
Quiero hambre de Jesus... Quiero sentirme tan cerca de Jesus como se describe aqui.
ReplyDeleteEl ansia es compartida. La eternidad misma será insuficiente para saciarnos como nos sacia Jesús.
ReplyDeleteGracias por tu comentario. Siempre te esperamos para el intercambio. Un lindo día...
Mi corazon me pide agritos una intimadad asi con Jesus, pero no se como obtenerla, pues tengo tantos defectos!!!
ReplyDeleteDesear más del Señor, es una necesidad de todos. Con el salmista decimos: "Como el ciervo clama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo", (Samo 42:1, 2a). Y todo comienza con apartar un tiempo inicial con el Señor, cada día. El mismo escritor comparte su resolución para que la hagamos nuestra: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela... para ver poder y tu gloria", (63:1, 2a). Y acordémonos que el reconocer que tenemos defectos, nos hace desear más su amor. Una cita muy valiosa de El camino a Cristo, dice así: "Cuando veáis la enormidad del pecado, cuando os veáis como sois en realidad, no os entreguéis a la desesperación, pues a los pecadores es a quienes Cristo vino a salvar. Cuando Satanás acude a decirte que eres un gran pecador, alza los ojos a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será mirar su luz. Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que 'Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores', y que puedes ser salvo por su incomparable amor", (pp. 50, 51).
ReplyDeleteTe invito a seguir bebiendo de la fuente del corazón del Señor. Jesús nos dice: "El que a mí viene, yo no le echo fuera", (Juan 6:37).
Gracias Pastor Juan,
ReplyDeletePero que pasa cuando reconosco mis pecados pero ala misma vez no los puedo o no los quiero soltar??
El ser cristiano no nos exime de la terrible lucha interior que libramos con el mal. El apóstol Pablo lo reconoció cuando dijo: "...lo que no quiero, esto hago...", (Rom. 7:15, 16). Pero, lo maravilloso de todo esto es que el Señor ya ha vencido. Y Él ha prometido pelear nuestras batallas. Isaías 49:25 dice: "Tu pleito yo lo defenderé". Ahora, para que Él pueda pelear y venir a nuestro interior para ganar esa batalla individual, nos concede la libertad de escoger rendirnos primero, y cada momento, nosotros a su amor. Dice el apóstol Santiago (4:7): "Someteos, pues a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". Es Cristo morando en nosotros que lo hace posible (puedes darle una miradita a Lucas 18:27). Acordémonos de su promesa en Romanos 16:20: "Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás DEBAJO de vuestros pies. La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros".
ReplyDeletePara no extender más esta respuesta, te resumo que, cuando reconocemos nuestra flaqueza con sus debilidades, y sumisos nos rendimos a sus pies, su omnipotencia hace por el hombre lo que el hombre es incapaz de hacer por sí mismo. Y concluyo con las siguientes palabras de El camino a Cristo (pp. 94, 95): "A menudo tenemos que postrarnos y llorar a los pies de Jesús por causa de nuestras culpas y equivocaciones; pero no debemos desanimarnos. Aun si somos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros".
Todo el Cielo estará de tu parte para llevarte "siempre en triunfo en Cristo Jesús" (2 Cor. 2:14).
Muchas gracias de nuevo,
ReplyDeleteSe que Jesus nos advirtio que no seria nada facil seguirlo; pero siento que entre mas trato mas me "hundo en el lodo" y comparto el mismo sentimiento con Pablo porque, hago exactamente todo lo contrario de lo que Yo quiero. "I guess it is much easier said then done"
"Hay un alma que clama débil desde el jardin de su fe. Como una flor humillada hacia el suelo, Señor. Bajo la sombra de tu compasiva mirada, suelta ella su polen que ascienda hasta tu pecho, en plegarias de auxilio, de ayuda, y de necesidad. Es que no puede más... es que sufre impotente bajo una plaga cautiva. A gritos... en el silencio de su corazón. Entre suave tu omnipotencia de amor, y que asuma ella, su voluntad como siendo tuya. Santifícala sobre tu corazón hasta que se consuma su último horror, y renazca contigo, una nueva alma en flor. Amén, oh Dios".
ReplyDeleteQue lindo y muchas gracias :)
ReplyDeletePastor Juan le pido que porfavor ore mucho por mi, para que Dios me ayude a tomar buenas decisiones dia tras dia y para que me guie a encontrar mi camino a casa... de nuevo!!