Monday, June 28, 2010

INTERIOR de colores...

Amanezco Jesús en tu interior. Tardé tanto en recibirte. Perdóname, es que a veces leí odio donde me decías amor. Sé que te necesito, pero elijo antes el narcótico de la paranoia que la confianza de un apapacho tuyo. Esto suena absurdo. Es que lo es. Y tú, mi Dios, recoges suave mi rostro contra tu santo pecho. Yo no veo hacia tus ojos y tan sólo humedeces mi rostro con las lágrimas de tu Gloria, aunque mi razón abraza atraída las llamas flamantes de un juicio infernal. Señor, líbrame de cortarle sus venas a esta alma mía y pertinaz.

Y te sonríes conmigo, porque es aquí Jesús, adonde la felicidad supera las noches congeladas con lágrimas polares. Contigo renueva su vibra romántica cada apuesto horizonte. Protector me acoges en la transpiración de tu afecto; adonde la luna descubre libre su velo nupcial. Eres exhuberante Señor; en tu interior se maquilla coqueto el súbito arcoiris, y asegura el silencio de su sueño el amable oleaje sobre un lago remoto. Jesús, debajo de la música de tu secreto, se oye angelical la letra para los versos de mis próximos suspiros.

Abrigado estoy Jesús con los deseos de tu corazón. Adonde las estrellas descansan sus desvelos y las flores inhalan un género de perfumes divino. Bajo la brisa de tu silencio. Y te exalto. En el altar de tus brazos. Y me desintoxicas Jesús, de la adicción a mis afanes. Del apego al apuro. Del afecto por lo prohibido. De las ansias de poseer y ser poseído. Señor, en los confines de tu interior defines mis límites. Jesús, sobre las llamas de tu amor se calienta el corazón, cuando éste se asoma en la frialdad del entrecejo, o parco se perfila, en la rigidez de un rostro férreo.

Aquí estoy, en el cobertizo de tu pecho, adonde el sol se hidrata bajo tu sombra. Adonde el lobo no herirá más con su aullido la virginidad de mi noche. Adonde el oxígeno respirará de nuevo para entregarme el próximo aliento. Y dibujas Señor, un escalofrío de amor en las mejillas extendidas de estas florecillas no sintéticas. Aquí manso me retienes en la seguridad de tus cercos hechos con amantes noes. Jesús, eres la música de mis colores, y para la tinta en mis acordes, eres un trino de inéditos sabores.

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